Fase 6. Está lo que todo lo demás necesita: quién entra y por dónde.
El rol vive en `usuario.rol`, con un CHECK que impide inventarse uno, y se da
con `npm run db:admin`. En una variable de entorno con correos habría sido más
rápido, pero entonces revocar a alguien pide un despliegue y a la pregunta
«quién administra esto» solo sabe contestar quien pueda leer la configuración
del servidor.
La guarda está en el `+layout.server.ts` de la carpeta y no en cada ruta: una
pantalla nueva queda protegida por el hecho de estar dentro. Sin sesión, a
entrar con la vuelta puesta; con sesión y sin el rol, 404 y no 403, porque un
403 confirma que el panel existe y dónde vive. Los tres casos, comprobados
contra la aplicación de verdad.
La portada contesta «qué falta» y no «cuánto hay». Cada sección trae lo que
tiene, lo que está a medias y los nombres de lo que está a medias: decir «1
género sin ficha» obliga a ir a buscar cuál, y esa búsqueda ya la ha hecho la
consulta. Dos viajes a la base para las siete filas.
Fuera Sveltia CMS y `static/admin/`. Editaba los Markdown de `src/content/`,
que desde la fase 4 no lee nadie: guardaba cambios que no salían en pantalla, y
además tapaba la ruta nueva.
Y de paso, la prueba de contacto que fallaba en la tanda completa y pasaba a
solas. No era aislamiento: `page.goto` vuelve al cargar, no al hidratar, y al
hidratar Svelte reescribe el valor de cada `input` con el del componente. Lo
tecleado antes de ese instante se perdía, y solo le pasaba al primer campo y
solo con la máquina cargada.
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Cambia las referencias al dominio de trabajo: la URL canónica, los correos
de los textos legales, las direcciones de retorno de Google y Facebook, y
lo que espera la suite.
El `robots.txt` pasa de archivo estático a ruta generada. Llevaba el
dominio escrito a mano y se quedó anunciando el anterior: un mapa del
sitio mal anunciado no da ningún error, simplemente no lo encuentra
nadie. Ahora sale de `site.url`, igual que el mapa y las etiquetas de
cada página. De paso deja fuera del rastreo lo que depende de quién mira
—cuenta, carrito, favoritos, entrar, descargas—, que no es contenido.
Y el Nginx queda listo para el dominio, con los tres pasos que hay que
dar fuera del servidor: los registros A a 89.46.247.16, la redirección de
los puertos 80 y 443 a 192.168.18.171, y Certbot.
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Cinco páginas legales en /legal, enlazadas desde el pie de todas las páginas:
información legal, condiciones de uso, privacidad, cookies y condiciones de
venta. Son borradores con los datos del titular marcados entre corchetes y un
aviso de que hace falta revisión de un abogado antes de vender: cubren lo que
pide la ley española, no son un documento validado.
La política de cookies y la de privacidad están escritas mirando el código, no
copiadas de una plantilla: dos cookies, las dos necesarias, y dos terceros
—Stripe y Resend— que reciben lo imprescindible.
Y eran tres, porque las tipografías venían de Google: cada visita mandaba la IP
del visitante a un tercero sin pedirlo y sin que aportara nada. Ahora se sirven
desde el propio dominio. Cargar la web ya no contacta con ningún dominio ajeno,
y hay una prueba que lo comprueba.
Aparte: el símbolo de marca registrada en el aviso de derechos, los botones de
reproducir de las tarjetas pasan de 48 a 36 píxeles —eran casi una quinta parte
de la portada, y cambiaban de proporción según la tarjeta— y el de ver el
carrito solo aparece cuando hay algo dentro.
De paso se arregla un fallo de tipos que estaba latente: `resolve()` tiene una
sobrecarga por ruta y no acepta una unión, así que la navegación dejaba de
compilar en cuanto se añadían rutas. Ahora se resuelve en `site.ts`, una a una.
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El texto del botón dorado se aclaraba al pasar el puntero y quedaba en 1,67 de
contraste sobre el oro. La causa no era el color del botón: `.btn:hover` pone
`color: inherit` —para que la regla general de los enlaces no tiña de dorado los
secundarios— y le gana por especificidad. Ahora el dorado repite su color ahí.
De paso, el dorado se parte en dos tokens porque hacía dos trabajos
incompatibles: de relleno tiene que ser claro para que encima se lea el marino
—7,6 de contraste en el tema claro— y escrito tiene que ser hondo para leerse
sobre el fondo —5,3—. Con un solo valor, el tema claro se quedaba en 4,4, por
debajo del mínimo. Y encima del oro va marino, no blanco, en los dos temas.
Los botones tenían tres tamaños distintos: el dorado a 16px con relleno 8/16 y
el de al lado a 14px con 12/24. Dos botones juntos con distinta letra se ven
como un descuido. Ahora hay una sola escala, y los 15px son los del menú.
El botón de ver el carrito solo aparece cuando hay algo dentro, con la cuenta:
uno que lleva a una página vacía gasta el sitio de una llamada a la acción para
decir que no hay nada.
Tres pruebas nuevas lo fijan, incluida la del contraste con el puntero encima,
que es donde estaba el fallo y donde una captura en reposo no lo enseña.
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El pack pasa de cinco a diez canciones por el mismo 1,50 €: diez canciones por
lo que cuesta un café. Es la propuesta, así que el número y el importe se leen
juntos en todas partes.
Las pruebas de la tienda estaban escritas con el cinco metido a mano y hubo que
reescribirlas enteras. Ahora dicen la regla en términos del propio tamaño del
pack, y el helper de las pruebas de extremo a extremo añade lo que haya a la
venta hasta llenarlo en vez de nombrar los temas uno a uno: así cambiar el
tamaño otra vez no obliga a tocar nada.
Las dos láminas de llamada estrenan foto propia con su velo, más cubriente que
el de la textura: sobre una imagen clara el texto blanco no se lee.
Y el dorado deja de ser plano en los botones. Un metal refleja, y lo que lo hace
parecer metal es la banda de luz que lo cruza; el fondo se pinta más alto que el
botón para que al acercar el puntero la luz recorra la pieza en vez de
limitarse a aclararla. El acento sube un punto de croma y baja uno de claridad,
que es lo que lo separa de un amarillo de rotulador.
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La portada abre con tres láminas: el disco en el tocadiscos, una invitación al
taller y otra a la tienda. Un carrusel mal hecho es de las piezas más hostiles
que hay —cambia mientras lees, no se para, y para un lector de pantalla es un
cajón que aparece y desaparece—, así que este se para al pasar el puntero o al
entrar el foco, tiene botón de pausa, no gira solo con `prefers-reduced-motion`
y deja las láminas ocultas con `inert`, fuera del orden de tabulación.
Las letras que no están en español se enfrentan con su traducción en dos
columnas, verso a verso. Cada columna declara su `lang`, que es lo que impide
que un lector de pantalla lea el inglés con voz española, y la traducción se
pinta con `pre-line`: es verso, y perder los cortes la deja inservible para
seguir la original. El nombre del idioma sale de `Intl.DisplayNames`.
Sobre el reproductor: ya sobrevivía a la navegación, porque vive en el layout
raíz fuera de `main`. Lo que faltaba era comprobarlo de verdad; el test decía
que la barra seguía visible, no que siguiera sonando. Ahora mira que la posición
avance.
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La portada estrena imagen de fondo propia, detrás del tocadiscos y del texto.
Llega en PNG de 2,1 MB y se sirve en tres anchos WebP: 10 kB en un móvil, 57 kB
en un panel grande. El velo que va encima se afloja hasta lo justo para que el
texto se lea, porque taparlo entero sería no haberlo puesto. El tema claro
todavía no tiene su versión, así que ahí sigue el clip de reserva.
La cabecera deja ver lo que pasa por debajo. La transparencia va con desenfoque
y no sola: sobre una imagen a sangre, un fondo solo translúcido dejaría el
contraste del menú a merced de lo que quedara detrás.
Y fuera las líneas entre secciones: separa el aire. Se quedan las que dibujan
una pieza —el pie, el reproductor, las filas de un listado, la tabla—.
Aparte, scripts/construir.mjs comprobaba `build/server/index.js`, un archivo
que adapter-node no genera: el servidor sale troceado en chunks. Daba por
fallido un build correcto.
Co-Authored-By: Claude Opus 5 (1M context) <noreply@anthropic.com>
Sitio del letrista y compositor, con SvelteKit 2 y Svelte 5.
El catálogo es contenido, no base de datos: estilos, álbumes, canciones y
capítulos son Markdown en `src/content/`, validados al compilar y compilados
dentro del bundle, así que recorrer la música no hace ni una consulta. La base
de datos guarda solo lo que generan las personas: cuentas, carritos, pedidos,
compras, valoraciones y favoritos.
Lo que hay:
- Música agrupada por estilos, con página propia para cada estilo, álbum y
tema, buscador y tabla ordenable.
- Reproductor persistente que sobrevive a la navegación. Suena un fragmento;
el archivo completo solo se obtiene comprando.
- Taller de letras: los principios del oficio y una ficha de creación por
estilo hispanoamericano.
- Blog con feed RSS, y etiquetas que cruzan blog y catálogo.
- Tienda con cuentas por código de correo, carrito, Stripe y descargas
protegidas.
- Panel de contenido en `/admin` que escribe los mismos Markdown.
- Tema oscuro de marca y su inversión clara, aplicado antes de pintar.
Lo que falta y no es código: las claves de Stripe y de correo, el tratamiento
del IVA, las páginas de condiciones y privacidad, y el material real. Las
canciones de ejemplo son inventadas y están para sustituirse; el audio son
marcadores salvo un tema.
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