Cinco páginas legales en /legal, enlazadas desde el pie de todas las páginas:
información legal, condiciones de uso, privacidad, cookies y condiciones de
venta. Son borradores con los datos del titular marcados entre corchetes y un
aviso de que hace falta revisión de un abogado antes de vender: cubren lo que
pide la ley española, no son un documento validado.
La política de cookies y la de privacidad están escritas mirando el código, no
copiadas de una plantilla: dos cookies, las dos necesarias, y dos terceros
—Stripe y Resend— que reciben lo imprescindible.
Y eran tres, porque las tipografías venían de Google: cada visita mandaba la IP
del visitante a un tercero sin pedirlo y sin que aportara nada. Ahora se sirven
desde el propio dominio. Cargar la web ya no contacta con ningún dominio ajeno,
y hay una prueba que lo comprueba.
Aparte: el símbolo de marca registrada en el aviso de derechos, los botones de
reproducir de las tarjetas pasan de 48 a 36 píxeles —eran casi una quinta parte
de la portada, y cambiaban de proporción según la tarjeta— y el de ver el
carrito solo aparece cuando hay algo dentro.
De paso se arregla un fallo de tipos que estaba latente: `resolve()` tiene una
sobrecarga por ruta y no acepta una unión, así que la navegación dejaba de
compilar en cuanto se añadían rutas. Ahora se resuelve en `site.ts`, una a una.
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El texto del botón dorado se aclaraba al pasar el puntero y quedaba en 1,67 de
contraste sobre el oro. La causa no era el color del botón: `.btn:hover` pone
`color: inherit` —para que la regla general de los enlaces no tiña de dorado los
secundarios— y le gana por especificidad. Ahora el dorado repite su color ahí.
De paso, el dorado se parte en dos tokens porque hacía dos trabajos
incompatibles: de relleno tiene que ser claro para que encima se lea el marino
—7,6 de contraste en el tema claro— y escrito tiene que ser hondo para leerse
sobre el fondo —5,3—. Con un solo valor, el tema claro se quedaba en 4,4, por
debajo del mínimo. Y encima del oro va marino, no blanco, en los dos temas.
Los botones tenían tres tamaños distintos: el dorado a 16px con relleno 8/16 y
el de al lado a 14px con 12/24. Dos botones juntos con distinta letra se ven
como un descuido. Ahora hay una sola escala, y los 15px son los del menú.
El botón de ver el carrito solo aparece cuando hay algo dentro, con la cuenta:
uno que lleva a una página vacía gasta el sitio de una llamada a la acción para
decir que no hay nada.
Tres pruebas nuevas lo fijan, incluida la del contraste con el puntero encima,
que es donde estaba el fallo y donde una captura en reposo no lo enseña.
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El botón dorado se quedaba en un rectángulo oscuro con el borde de oro al pasar
el puntero. La causa: `.btn:hover` usaba el atajo `background`, que reinicia
también `background-image` y se llevaba el degradado por delante. Las reglas
base pasan a `background-color`, que es la longhand que no pisa lo que no le
toca.
De comprobarlo salió que no había ningún `a:hover` global: cualquier enlace sin
regla propia —el del feed, los del pie— no daba ninguna señal de ser pulsable.
Ahora todos responden con el dorado, que es el color de lo accionable aquí.
Tampoco la tenía el conmutador de vista de la página de música.
El botón secundario acusa el puntero con el fondo y el canto, no tiñendo el
texto de dorado: sería una señal doble y competiría con el botón dorado que
suele tener al lado.
Seis pruebas nuevas cubren la respuesta al puntero de cada tipo de control. Es
lo que faltaba: un estado de hover roto no se ve en una captura en reposo, y así
fue como se coló.
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El campo `volverA` de los formularios se comprobaba en tres sitios con tres
copias del mismo filtro, y las tres dejaban pasar `/\otro-dominio.com`: el
navegador convierte la barra invertida en barra normal al resolver, así que eso
es `//otro-dominio.com` con otra ropa. En la pantalla de entrar eso es phishing
servido: enlace a nuestro propio acceso, y quien escribe su correo acaba fuera.
Ahora hay un solo `destinoSeguro`, que no compara prefijos sino que resuelve la
URL y solo acepta lo que sigue en el origen. Con pruebas de cada disfraz.
Fuera siete funciones exportadas que no llamaba nadie. Las escribí "por si
acaso" y una API que no se usa no es una API: es código que leer y mantener sin
que nada dependa de ella.
Del repaso responsive salen dos fallos reales. Los puntos del carrusel medían
8×8 píxeles, la tercera parte del mínimo para acertarles con el dedo; ahora el
punto se ve igual y el botón mide 24×24. Y el hueco reservado bajo el contenido
para la barra de reproducción estaba escrito a mano en 88 píxeles cuando la
barra mide 97 en escritorio y 145 apilada en un móvil: se comía el pie. Ahora la
barra se mide sola y publica su alto.
Todo ello fijado en `responsive.e2e.ts`, que recorre diez páginas a cuatro
anchos.
Sobre rendimiento, nada que hacer: parecía que las páginas tardaban 215 ms, pero
eran de la resolución de `localhost` por IPv6 en la medición. Por IPv4 se
renderizan en 5-9 ms, así que memorizar el catálogo habría sido optimizar un
problema inexistente.
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