Cambia las referencias al dominio de trabajo: la URL canónica, los correos
de los textos legales, las direcciones de retorno de Google y Facebook, y
lo que espera la suite.
El `robots.txt` pasa de archivo estático a ruta generada. Llevaba el
dominio escrito a mano y se quedó anunciando el anterior: un mapa del
sitio mal anunciado no da ningún error, simplemente no lo encuentra
nadie. Ahora sale de `site.url`, igual que el mapa y las etiquetas de
cada página. De paso deja fuera del rastreo lo que depende de quién mira
—cuenta, carrito, favoritos, entrar, descargas—, que no es contenido.
Y el Nginx queda listo para el dominio, con los tres pasos que hay que
dar fuera del servidor: los registros A a 89.46.247.16, la redirección de
los puertos 80 y 443 a 192.168.18.171, y Certbot.
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Los botones dejan de ser cápsulas y las tarjetas pierden la mitad del canto. De
paso se ordena el sistema: había tres radios sueltos y una píldora de 999px
repetida en quince archivos, y quedan dos —uno para lo que se pulsa, otro para
las superficies—. Los botones de icono suelto siguen redondos, que ahí sí tiene
sentido.
Las fichas del taller no usaban la tarjeta compartida: tenían su propio borde,
su propio canto y su propio hover, así que se veían de otra familia que las de
música. Ahora usan `.tarjeta`, con el mismo reflejo bajo el puntero y el mismo
subrayado.
Y la portada arranca en el borde de la ventana, con la cabecera flotando encima.
Para eso la cabecera pasa a medir su propio alto y publicarlo: estaba escrito a
mano en 4,75rem cuando mide 68px, y todo lo que dependía de ese número —el salto
a un ancla, las barras laterales pegajosas— quedaba desplazado.
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El servidor del usuario lleva Nginx, así que el montaje es proxy inverso por
delante y Node por detrás. La web no son archivos estáticos —cada página se
genera sabiendo quién la pide—, de modo que hace falta un proceso vivo y un
servicio que lo mantenga.
Nginx sirve además los estáticos por su cuenta: lo de `_app/immutable` lleva el
hash del contenido en el nombre y se cachea para siempre, así que abrir la web
deja de despertar a Node para devolver un CSS. Lo que no puede tocar son las
descargas: comprueban la compra antes de entregar el archivo, y el audio
completo vive fuera de `build/` para que no haya forma de pedirlo por URL.
El script construye aquí y sube el resultado, en vez de compilar en el servidor:
allí no hacen falta ni Vite ni el compilador, solo Node y tres paquetes. Las
migraciones también se lanzan desde aquí, porque `drizzle-kit` es herramienta de
desarrollo y en producción se instala con `--omit=dev`.
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